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lunes, 5 de agosto de 2013

Reseña de "Lima Sublime"



CHRISTIAN GALARRETA, PEZ PLÁTANO, SAM HAMILTON Y WILDER GONZALES
Lima Sublime
(Superspace Records, 2010)

Después de mucho tiempo, y cuando menos lo esperaba, me topo con un disco extraño. Quiero decir, no es difícil -o mejor dicho, no era difícil- encontrar trabajos sonoros que aporten sonoridades frescas, innovadoras, nunca antes escuchadas; pero lo usual es que aquellos provoquen espontáneamente bien nuestro entusiasmo, bien nuestra animadversión. La indecisión emocional absoluta es, pues, un “lujo” de pocos... de muy pocos.

Disco extraño este Lima Sublime. Hacia la mitad, queda claro que la impresión inicial será también la impresión final: pareciera que dos, e incluso tres CDs, estuvieran tratando de sonar en uno solo -lo que dice bastante de una “convivencia” cuando menos tensa entre unas y otras notas (no entre sus creadores, por siaca). Quizás podría deberse a su naturaleza improvisacional, aunque en el fondo lo dudo: los seis números del plástico fueron grabados en directo hace 25 meses por tres músicos connotados del medio local y un camarada extranjero. A saber, el hoy extraviado Christian Galarreta a cargo del casiotón y de los efectos de pedal, Kike Fuentes aka Pez Plátano atacando la percusión, Wilder Gonzales manipulando los osciladores, y trepando el mástil de la eléctrica el neozelandés Sam Hamilton (guitarrista con algunos discos en su haber, los interesados remitirse a http://www.myspace.com/samhamilton0).

Quizás podría explicarse el tamiz múltiple y caótico de este lienzo electro-aleatorio reparando en el hecho de que, sí, existe una dirección más o menos señalada; pero cada miembro del ensamble muchas veces pretende salirse del camino -e incluso desandarlo. De ahí que el magma sonoro suene a veces tironeado. Paradójicamente, el resultado no llega nunca a desagradar, acaso porque su frescura impoluta y su nulo procesamiento-posterior-en-un-estudio son evidentes.

De un lado, tenemos el entrecortado accionar de Pez Plátano, cuya filia percusiva se beneficia mucho del jazz -lo cual se hace más notorio cada vez que Fuentes intenta sonar free, como contrariando a sus partners. Variación novedosa en el caso de PP: en el epónimo debut (2004) se lo percibe más inspirado por Tortoise y The Sea And Cake. De otro lado, tenemos el vendaval de distorsión que producen las cuerdas de Hamilton. Filtrándose en la mixtura como voces discordantes, las erupciones del casiotón y de los osciladores -Galarreta y Gonzales, respectivamente- terminan de hacer más enajenante la experiencia.

Recién al final, con “Horrible Y Sublime”, parece florecer entre los cuatro involucrados un concierto mayor, una cohesión que le da al tema sorprendentes aires de ceremonia místico-religiosa. Más una coda sosegada que un track propiamente dicho, “Horrible Y Sublime” es el apropiado final que además resume en su título el contenido de un registro in extremis singular.

Hákim de Merv

Publicado en la extinta web "Sugar Time"

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